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      El arte del corporate gifting

      El regalo que más dice de una empresa no es el que más cuesta. Es el que mejor se piensa.

      · Estrategia

      Hay una escena que se repite en las oficinas de toda empresa con cierto nivel de facturación. Llega fin de año, alguien del área de marketing o de administración pregunta "¿hay que regalar algo, qué compramos?", y la respuesta suele ser alguna combinación de agenda, caja de vinos o kit de playa. El ritual se cumple. Las cajas salen. Y al otro lado, los destinatarios abren el paquete con la misma expresión que reservan para el regalo que no saben dónde poner. Eso no es corporate gifting. Es gasto disfrazado de gesto.

      El corporate gifting bien ejecutado no es buscar un regalo. Es una herramienta de construcción de relaciones que tiene métricas, tiene estrategia y tiene una lógica de marca que, cuando funciona, genera resultados medibles. Y cuando no funciona —cuando es genérico, impersonal o directamente mal ejecutado— dice algo sobre la empresa justo frente a quienes más importa: sus stakeholders.

      Por qué las empresas regalan: las tres lógicas que coexisten

      No todas las empresas regalan por las mismas razones, y confundir esas razones es el primer error de diseño estratégico que puede cometerse en un programa de gifting.

      La primera lógica es la de la reciprocidad.
      Es la más antigua y la más básica: el regalo como lenguaje de vínculo. Cuando una empresa le regala algo a un cliente, activa un mecanismo psicológico profundamente humano —la deuda de gratitud, el reconocimiento del otro— que predispone positivamente a la continuidad de la relación. No es manipulación: es cultura. Los regalos como rituales de vínculo son anteriores al comercio mismo.

      La segunda lógica es la de la presencia de marca.
      Un objeto bien diseñado que vive en el escritorio, en la sala de reuniones o en el living de alguien es publicidad que no interrumpe. No compite con el contenido de una pantalla ni aparece en el momento equivocado. Está ahí, silencioso, sumando asociaciones cada vez que se lo ve o se lo toca.

      La tercera lógica —la más sofisticada— es la del posicionamiento por elección.
      Lo que una empresa regala dice algo sobre quién es esa empresa. Una firma de consultoría estratégica que regala una taza de plástico con su logo está enviando un mensaje involuntario sobre su nivel de atención al detalle. Una marca que regala una pieza editorial elaborada exclusivamente para esa relación está diciendo algo completamente diferente sobre cómo valora a su interlocutor.

      El regalo no es solo lo que contiene. Es el mensaje que porta.

      El cálculo que pocos hacen: el valor por contacto

      Una de las herramientas más útiles para tomar mejores decisiones en corporate gifting es la del costo por contacto: el precio del regalo dividido por la cantidad de veces que ese objeto va a generar una interacción con la marca durante su vida útil.

      Una remera con logo que cuesta 9 dólares y se usa tres veces antes de terminar como pijama tiene un costo por contacto de 3 dólares. Un objeto de calidad —una pieza artesanal, un accesorio de diseño, un libro de lujo— que cuesta 90 dólares y convive con su receptor durante años tiene un costo por contacto infinitamente menor. Y a diferencia de la remera, no termina en el fondo de un cajón.

      Las empresas que invierten en regalos corporativos de alto impacto experimentan tasas de retención de clientes hasta cinco veces mayores comparadas con las que usan artículos promocionales estándar. El 62% de las personas considera que la calidad del regalo es muy importante al momento de recibirlo. El 85% recuerda a las empresas que les hicieron regalos de calidad. El 52% reporta mayor probabilidad de continuar una relación comercial con las empresas que regalan de manera coherente a sus valores.

      El problema no es que las empresas gasten demasiado en gifting. Es que distribuyen ese gasto de manera absolutamente ineficiente: muchos objetos de bajo impacto a muchos destinatarios, en lugar de pocos objetos de alto impacto a los interlocutores que realmente construyen valor.

      Merchandising premium vs. gifting de lujo: dos lógicas para dos momentos

      Esta distinción es fundamental y habitualmente se confunde. No son lo mismo, no tienen los mismos objetivos y no deben tener los mismos destinatarios.

      El merchandising premium es el objeto de marca producido en escala, con diseño cuidado y materiales de calidad superior al estándar. Es apropiado para eventos masivos de alto perfil, programas de fidelización con bases amplias de clientes, equipos internos numerosos o instancias donde la marca necesita presencia física a escala. Un buen bolso de lona y cuero, un termo de acero inoxidable, una agenda de cuero: objetos que elevan la percepción de marca sin requerir inversiones prohibitivas por unidad.

      El gifting de lujo opera en una lógica completamente diferente. No es escala: es singularidad. No habla al mercado: habla a una persona. Se utiliza en relaciones de alto valor —los diez clientes que generan el cuarenta por ciento de la facturación, el socio estratégico cuya renovación de contrato cambia el año, el directivo al que se está tratando de incorporar— donde el impacto del objeto debe estar a la altura del valor de la relación.

      En el gifting de lujo, el objeto no puede ser genérico. Tiene que tener historia, tiene que tener calidad perceptible y tiene que comunicar que quien lo eligió pensó específicamente en quien lo recibe. Un regalo de lujo que parece seleccionado al azar es, paradójicamente, peor que no regalar nada: dice que se invirtió dinero sin invertir atención. El dibujo que un chico le hace a su padre, enmarcado con orgullo, tuvo costo marginal y valor incalculable. De eso se trata.

      La gran pregunta: ¿logo sobre objeto de marca ajena u objeto completamente propio?

      Aquí está uno de los dilemas más reveladores del corporate gifting, y la respuesta correcta depende de lo que la empresa quiera decir sobre sí misma.

      La estrategia de legitimación por asociación consiste en poner el logo de la empresa sobre un objeto de marca reconocida: una lapicera Montblanc con el escudo corporativo grabado, un libro de Assouline con el isotipo de la firma discretamente estampado en la contratapa. El mensaje implícito es "somos el tipo de empresa que regala esto". El objeto presta parte de su capital simbólico al emisor. La ventaja es la inmediatez de la percepción de valor. La desventaja es la subordinación: la marca de la empresa siempre va a ser secundaria frente a la del objeto. Como decía Groucho Marx: "Nunca sería socio de un club que acepte gente como yo."

      La estrategia de afirmación de identidad consiste en diseñar un objeto completamente propio, sin referencias a ninguna marca externa, con una identidad visual y material que es solo del emisor. El mensaje es: "somos lo suficientemente seguros de nuestra propia marca como para no necesitar el respaldo de otra." La ventaja es la unicidad absoluta. La desventaja es la exigencia: un objeto propio de mala calidad o mal diseñado es peor que cualquier alternativa externa.

      La elección entre los dos modelos no es solo de presupuesto. Es de autoimagen corporativa. Las empresas que no están seguras de la solidez de su propia marca tienden a apoyarse en marcas ajenas. Las que tienen clara su identidad invierten en el objeto propio. Hay una correlación interesante entre la madurez de la identidad de una empresa y su disposición a diseñar gifting completamente original.

      El coffee table book como objeto de gifting de alto impacto

      Dentro del universo del gifting de lujo, el libro objeto ocupa un territorio particularmente poderoso —y particularmente poco explorado por las empresas argentinas. La razón es histórica: el regalo corporativo local todavía está dominado por el modelo gastronómico y el modelo tecnológico. Ambos tienen sus méritos, pero ninguno construye identidad de marca de la misma manera que un libro bien concebido y bien producido.

      ¿Por qué el coffee table book funciona especialmente bien como regalo corporativo de alto nivel?

      Primero, porque es un objeto de presencia permanente y alta visibilidad. Un libro que vive sobre el escritorio de un directivo, en la sala de reuniones de un cliente o en el living de un socio estratégico está siendo visto constantemente. No por una persona: por todas las personas que pasan por ese espacio. El regalo trabaja para la marca emisora cada vez que alguien lo toma, lo hojea, pregunta de dónde vino.

      Segundo, porque tiene una carga cultural que ningún gadget tecnológico puede igualar. Un libro de calidad habla de criterio, de cultura, de atención al detalle. Esos son exactamente los atributos que la mayoría de las empresas premium quieren asociar a su imagen. Y a diferencia de un auricular o un parlante bluetooth —que en dos años quedan obsoletos— un libro bien editado no envejece. Al contrario: gana valor con el tiempo.

      Tercero, porque permite una personalización total y absolutamente propia. No hay otro objeto de gifting que admita el nivel de customización que admite un libro. El formato, el papel, la encuadernación, las imágenes, el texto, la estructura narrativa: todo puede ser diseñado específicamente para esa empresa, para esa relación, para ese mensaje. No es un objeto con el logo estampado encima. Es un objeto que es, en sí mismo, una expresión de la identidad de la marca.

      Dos modelos concretos que funcionan

      El libro como herramienta de posicionamiento sectorial. Una empresa que opera en un rubro con identidad visual fuerte —arquitectura, vitivinicultura, diseño de producto, agro premium, salud de alta complejidad— puede encargar un libro que no hable de la empresa directamente, sino del universo al que pertenece. Una bodega boutique que produce un coffee table book sobre la historia del Malbec en el Valle de Uco no está haciendo publicidad: está posicionándose como referente cultural de su industria. Ese libro, entregado a sommeliers, importadores y clientes de alto valor en el exterior, hace un trabajo de construcción de marca que ninguna campaña digital puede replicar.

      Una empresa constructora que documenta sus obras más emblemáticas con la misma calidad fotográfica y editorial con que Rizzoli publica arquitectura internacional no está mandando un catálogo: está diciendo que su trabajo merece ese nivel de atención. Y ese mensaje llega antes de que empiece cualquier negociación.

      El libro como regalo de relación de alto valor. Este es el uso más directo y quizás el más poderoso. Un coffee table book producido a medida para un cliente estratégico —con imágenes de los proyectos compartidos, con texto que cuenta la historia de esa relación, con el nivel de producción de las mejores editoriales del mundo— es un objeto que no se puede comparar con nada. No tiene precio de referencia. No es un gesto que el receptor pueda poner en una categoría conocida de "regalos corporativos". Es otra cosa. Es la demostración de que ese vínculo merece algo que no existe en ninguna tienda.

      Lo que empezó como práctica de algunas empresas de lujo para sus regalos institucionales se fue extendiendo hacia banca privada, consultoría, salud, empresas del agro premium, estudios de arquitectura: rubros que entendieron que la categoría del regalo dice algo sobre la categoría de la empresa.

      El coffee table book corporativo no reemplaza al gifting convencional. Lo eleva. Y en un mercado donde la mayoría de las empresas sigue mandando las mismas cajas de fin de año, la diferenciación no requiere gastar más presupuesto: requiere invertir con más inteligencia.

      "Decime qué regalás y te digo qué vendés"

      Esos números que cité antes no hablan de gratitud: hablan de construcción de vínculo. De que el gesto fue percibido como intencional, como específico, como digno de atención. Las empresas que más invierten en gifting de calidad no lo hacen porque tengan presupuestos más grandes. Lo hacen porque entienden que cada punto de contacto con un cliente, un proveedor o un partner es una oportunidad de comunicar quiénes son.

      Y que la coherencia entre lo que dicen en sus campañas y lo que hacen en el momento de dar algo revela, más que cualquier brief creativo, el verdadero nivel de atención que tienen hacia las personas con quienes trabajan.

      Un regalo bien elegido no cuesta más. Cuesta diferente. Y a veces, esa diferencia es la única que importa.

      Y eso, en definitiva, es Roadster: una aventura con el viento en la cara y el sol en la frente, y poder contarla a la vuelta en un libro de tu mesa ratona. Porque si las grandes editoriales del mundo pueden hacer eso con el arte, la moda y la arquitectura, yo quiero hacerlo con algo todavía más valioso: las historias y las pasiones de las personas.

      El lujo de tener un libro personal hoy puede ser tuyo. Si ya tenés una idea dando vueltas, no esperes: escribime a agustin@roadster.com.ar

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